El vinagre de manzana es un potente líquido capaz de reducir la inflamación corporal en pocos lapsos de tiempo, está compuesto por antioxidantes, propiedades antiinflamatorias, vitaminas, minerales y ciertas proteínas que mantienen nutrido al organismo. Por otro lado, el bicarbonato de sodio es un neutralizador de ácidos y al mezclarlo con el vinagre de manzana se crea un regulador de la presión arterial casero. Combina una cucharada del líquido con una cucharadita de bicarbonato en un vaso con agua y lo consumes dos veces al día, uno antes de desayunar y otro antes de dormir. 

Practicar deporte es clave. El ejercicio puede reducir un 70% el riesgo de hipertensión. Al moverte, aunque sea andar de manera moderada, los vasos sanguíneos se ensanchan y mejora la frecuencia cardíaca. Se calcula que haciendo ejercicio aeróbico (andar, ir en bicicleta, correr) de forma habitual la presión baja 4,6 mmHg, y tomando menos sal, 3,6 mmHg. Ponte en forma sin pisar el gimnasio siguiendo estas rutinas.


Ninguno de ellos es inicialmente sencillo -reconoce Rodilla-, en especial cuando durante muchos años se han ejercitado hábitos contrarios. Sin embargo, tanto reducir el consumo de sal como acostumbrarse a la dieta mediterránea o iniciar la práctica de ejercicio físico de manera regular suelen ser metas accesibles que, en mayor o menor grado, consigue alcanzar un gran número de pacientes. Mucho más difícil es la reducción de peso y dejar de fumar.
Un estudio de 2013 publicado en el American Journal of Obstetrics and Gynecology señala que el aumento de peso gestacional es un factor de riesgo para los trastornos hipertensivos durante el embarazo. De hecho, el aumento de peso en el embarazo temprano puede ser un objetivo potencial para las intervenciones dirigidas a reducir el riesgo de hipertensión.
El corazón no deja de ser un músculo más, y también debe entrenarse cada día. La Fundación Española del Corazón (FEC) recomienda llevar a cabo ejercicios beneficiosos para la hipertensión, como caminar, correr, montar en bicicleta o nadar, entre media hora y una hora al día, con una frecuencia de tres a cinco días a la semana; así, el corazón se vuelve más fuerte y es capaz de bombear mejor la sangre, haciendo que la presión de las arterias sea menor y la tensión baje.

Para tratar la enfermedad es necesario, ya que es peligroso por aumentos agudos de presión – crisis hipertónicas, que conducen a apoplejía, problemas con la circulación cerebral, e incluso a la muerte. En tales ataques, la presión del paciente puede alcanzar niveles críticos de 200/120 o más unidades. Cuando se trata una enfermedad de este tipo, la probabilidad de efectos secundarios es muy alta. El hígado, el páncreas, el sistema urinario sufren.
La preeclampsia es una hipertensión arterial que aparece en la segunda mitad del embarazo. Va acompañada de presencia de proteínas en la orina y, a veces, una rápida hinchazón generalizada (en una semana se puede ganar medio kilo o más). Si se mantiene como preeclampsia leve, no pasa nada, no necesita tratamiento médico. Sin embargo, ante la posibilidad de que se agrave, un buen diagnóstico requiere el ingreso hospitalario de la mujer para seguir su evolución durante los primeros días y vigilar en todo momento que no se agrave. Esta vigilancia estrecha consiste en analíticas de sangre y orina (para saber que no es grave para la madre) y ecografías Doppler (para saber que no es grave para el bebé).
Hacer actividad física de manera regular, durante al menos 30 o 60 minutos la mayoría de días de la semana, puede reducir la presión arterial en 4 a 9 milímetros de mercurio (mm Hg), y no hace falta esperar mucho para ver la diferencia. Si todavía no empieza a hacer ejercicio, piense en que puede reducir su presión arterial en apenas unas semanas si aumenta la cantidad de actividad que realiza.
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