Estudiante de Pedagogía Infantil en la Universidad del Quindío y redactora profesional con más de 7 años de experiencia. Daniela Castro ha trabajado como creadora de contenidos y editora en diferentes páginas web. Ha sido coordinadora y gestora de contenidos en diversos equipos editoriales. Asimismo, cuenta con una amplia experiencia en SEO y marketing digital.
Su proveedor de salud controlará su presión arterial y orina en cada visita prenatal. Si su presión arterial es alta (140/90 o más), especialmente después de la semana 20 de embarazo, es probable que su proveedor le pida algunas pruebas, como análisis de sangre u otras pruebas de laboratorio para buscar proteínas adicionales en la orina y otros signos de la enfermedad.

La hipertensión arterial (HTA) se define como una presión arterial sistólica (PAS) mayor o igual a 140 mmHg o una presión arterial diastólica (PAD) mayor o igual a 90 mmHg, mientras que cifras de PAS y PAD menores de 130/85 mmHg se consideran valores de presión normales. Entre ambas categorías queda lo que se llama presión arterial normal-alta, con PAS mayor o igual a 135, pero menor a 140 mmHg y PAD mayor o igual a 85 y menor de 90 mmHg.
“Esto no significa que quiera que se ejerciten tan duro que se desmayen, pero quiero que sean desafiados, incluso si eso significa tomar un descanso si es necesario”, dijo. “Para algunas personas, eso puede significar nada más que una caminata suave con pausas periódicas, pero a medida que pasan las semanas tienen que desafiarse a sí mismas para deshacerse de esas pausas, poco a poco”.
Lo ideal es que la mujer conozca sus valores habituales antes de quedarse embarazada, si es normal o tiene tendencia a tensión baja o alta. En el primer trimestre la tensión suele bajar ligeramente debido a los cambios fisiológicos que se producen en el embarazo, pues el sistema circulatorio debe acostumbrarse a un mayor volumen de sangre circulando por las venas. Pero más o menos a partir del cuarto mes la tensión va aumentando hasta llegar a alcanzar en el tercer trimestre las cifras que se tenían antes del embarazo.
Debido a que la alta presión puede afectar el flujo de sangre a la placenta, si te diagnostican hipertensión gestacional, el doctor pedirá que te hagan una ecografía (ultrasonido) para asegurarse de que el bebé está creciendo bien y ver si tienes una cantidad normal de fluido amniótico. También puede pedir que hagan un perfil biofísico (BPP) del bebé al mismo tiempo para comprobar que está bien. Y en ciertos casos, es posible que pida una ecografía Doppler para comprobar el fluido de sangre a tu bebé.

A medida que usted envejece, la presión arterial alta, especialmente la hipertensión sistólica aislada, es más común y puede aumentar el riesgo de graves problemas de salud. El tratamiento, especialmente si tiene otros trastornos médicos, requiere una evaluación continua y conversaciones con el médico para lograr el mejor balance entre reducir riesgos y mantener una buena calidad de vida.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un consumo de potasio de al menos 3510 mg al día para evitar la hipertensión, pues este mineral es capaz de eliminar el sodio y reducir la presión arterial. Para conseguirlo, en tu cesta de la compra no deben faltar frutas como los plátanos o las papayas, tubérculos como las patatas o las verduras de hojas verdes. Tampoco olvides los lácteos como leche o yogur, las legumbres como los frijoles y los guisantes, y frutos secos, especialmente nueces. 
Bajar de peso es uno de los cambios en el estilo de vida más eficaces para controlar la presión arterial. Si eres una persona con sobrepeso u obesidad, bajar incluso una pequeña cantidad de peso puede ayudar a reducir tu presión arterial. En general, puedes reducir la presión arterial aproximadamente 1 milímetro de mercurio (mm Hg) con cada kilogramo (aproximadamente 2.2 libras) de peso que bajes.
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