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La preeclampsia es una hipertensión arterial que aparece en la segunda mitad del embarazo. Va acompañada de presencia de proteínas en la orina y, a veces, una rápida hinchazón generalizada (en una semana se puede ganar medio kilo o más). Si se mantiene como preeclampsia leve, no pasa nada, no necesita tratamiento médico. Sin embargo, ante la posibilidad de que se agrave, un buen diagnóstico requiere el ingreso hospitalario de la mujer para seguir su evolución durante los primeros días y vigilar en todo momento que no se agrave. Esta vigilancia estrecha consiste en analíticas de sangre y orina (para saber que no es grave para la madre) y ecografías Doppler (para saber que no es grave para el bebé).
No sabemos cómo prevenir la hipertensión gestacional. Pero si usted tiene sobrepeso o es obesa, lograr un peso saludable antes del embarazo puede reducir sus probabilidades de tener este problema. Mientras que la hipertensión gestacional desaparece después del nacimiento del bebé, usted tiene más probabilidades de desarrollar hipertensión más adelante en su vida. Comer alimentos sanos, mantenerse active y lograr un peso sano después del embarazo pueden ayudar a prevenir la alta presión arterial en el futuro.
Preeclampsia. La preeclampsia aparece cuando la hipertensión se presenta después de las 20 semanas de embarazo y está asociada a signos de daño a otros sistemas de órganos, entre ellos, los riñones, el hígado, la sangre o el cerebro. Si no se trata, la preeclampsia puede provocar complicaciones graves, incluso mortales, como convulsiones (eclampsia), tanto para la madre como para el bebé.
Lleva un registro de tus niveles de sodio. En los Estados Unidos, la dieta de muchas personas incluye hasta 5000 mg (5 g) de sodio al día, lo que los profesionales de la salud consideran demasiado perjudicial para el organismo. Aunque por lo general no debes y no puedes eliminar el sodio por completo, es esencial tratar de consumir menos de 2 g (2000 mg) al día. Para lograrlo, lleva un registro de tu consumo diario de sal o sodio, y evita al máximo el consumo de sodio.[4]
Hay varias causas posibles de presión arterial alta durante el embarazo, de acuerdo con el Instituto Nacional de Corazón, Pulmón y Sangre. Incluyen sobrepeso u obesidad, un estilo de vida inactivo, fumar, beber alcohol, embarazar por primera vez, llevar a más de un niño, tener 40 años o más, y tener antecedentes familiares de enfermedad renal, preeclampsia o hipertensión crónica.
La hipertensión arterial (HTA) se define como una presión arterial sistólica (PAS) mayor o igual a 140 mmHg o una presión arterial diastólica (PAD) mayor o igual a 90 mmHg, mientras que cifras de PAS y PAD menores de 130/85 mmHg se consideran valores de presión normales. Entre ambas categorías queda lo que se llama presión arterial normal-alta, con PAS mayor o igual a 135, pero menor a 140 mmHg y PAD mayor o igual a 85 y menor de 90 mmHg.
Así, conviene evitar los aperitivos de bolsa, carnes y quesos curados, encurtidos y anchoas, productos ahumados (salmón/trucha y beicon en particular), comida rápida, salsas como el kétchup o la mayonesa o los frutos secos salados. También deben controlarse las cantidades de pan, los mariscos y escurrir bien los alimentos que se conservan en salmuera.
Las consultas regularles con el médico también son claves para controlar tu presión arterial. Si tu presión arterial está bien controlada, consulta al médico respecto de con qué frecuencia debes controlarla. El médico puede sugerir controlarla diariamente o con menor frecuencia. Si cambias tus medicamentos u otros tratamientos, el médico puede recomendarte que controles tu presión arterial dos semanas después de los cambios de tratamiento y una semana antes de tu próximo turno.
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