El médico diagnostica la hipertensión si hay una tendencia a un aumento regular de la presión arterial a un nivel superior a 139/89 mm Hg. Si la hipertensión se vuelve crónica, el médico prescribe una ingesta sistemática de ciertos medicamentos y un control diario de la presión. La peculiaridad de esta patología es que los medicamentos se toman de por vida. En el período de las exacerbaciones, en la primavera y en el otoño.
Prueba con la respiración controlada. Las técnicas de respiración, tales como la respiración diafragmática, puede ayudar a calmar el cuerpo y la mente, y calmar el estrés. Además, al usar el diafragma (el músculo ubicado en la base de los pulmones) harás que tu respiración sea más potente y reducirá el esfuerzo de los demás músculos del cuello y del pecho.[7]
El corazón no deja de ser un músculo más, y también debe entrenarse cada día. La Fundación Española del Corazón (FEC) recomienda llevar a cabo ejercicios beneficiosos para la hipertensión, como caminar, correr, montar en bicicleta o nadar, entre media hora y una hora al día, con una frecuencia de tres a cinco días a la semana; así, el corazón se vuelve más fuerte y es capaz de bombear mejor la sangre, haciendo que la presión de las arterias sea menor y la tensión baje.
Bajar de peso es uno de los cambios en el estilo de vida más eficaces para controlar la presión arterial. Si eres una persona con sobrepeso u obesidad, bajar incluso una pequeña cantidad de peso puede ayudar a reducir tu presión arterial. En general, puedes reducir la presión arterial aproximadamente 1 milímetro de mercurio (mm Hg) con cada kilogramo (aproximadamente 2.2 libras) de peso que bajes.
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