A día de hoy, “la hipertensión arterial es la enfermedad crónica más frecuente en España, y las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de muerte en países occidentales”, afirma Rodilla. En este grupo de patologías se incluyen la cardiopatía isquémica que subyace al infarto de miocardio, así como las complicaciones cerebrovasculares, como el ictus cerebral y los ataques isquémicos transitorios, sin olvidarnos de enfermedades renales como la insuficiencia renal, así como enfermedades de las arterias periféricas como la claudicación intermitente y, finalmente, patologías de las arterias de la retina.
Como hemos visto, la causa del daño al bebé es la afectación de los vasos sanguíneos de la placenta, que impiden un flujo adecuado de sangre. En cambio, la causa del daño a la mujer embarazada es la afectación de sus capilares sanguíneos, que impiden un flujo adecuado de sangre al cerebro, el riñón y el hígado. Pero ¿por qué se lesionan los vasos sanguíneos?

Además, y aunque no se ha demostrado su efecto como preventivos de la hipertensión, hay algunos micronutrientes que tienen efecto beneficioso sobre la presión arterial, ayudando a mantenerla dentro de los límites saludables. El magnesio, el ácido fólico y antioxidantes como las vitaminas C y E, están dentro de este grupo de compuestos, y también el pescado, por su contenido en ácidos grasos saludables, y el ajo, presentan esta propiedad.


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Idealmente, usted debería obtener su vitamina D a través de la exposición al sol o bien mediante una cama de bronceado segura, sin embargo también puede utilizar suplementos orales de vitamina D3. Por favor NO permita que su médico le dé una “receta” para vitamina D. Eso es vitamina D2, que es sintética, y no tan benéfica como la vitamina D real, que es la vitamina D3 (colecalciferol).
Entre algunos ejemplos de ejercicios aeróbicos que puedes intentar hacer para reducir la presión arterial se incluyen: caminar, trotar, andar en bicicleta, nadar o bailar. También puedes probar con el entrenamiento por intervalos de alta intensidad, en el cual se alternan períodos breves de actividad intensa con períodos posteriores de recuperación de actividad más ligera. El entrenamiento de fuerza también puede ayudar a reducir la presión arterial. Intenta incluir ejercicios de entrenamiento de fuerza al menos dos días a la semana. Habla con tu médico acerca de cómo elaborar un programa de ejercicios.
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