El limón, además de estar compuesto por ácido cítrico y vitamina C, es rico en antioxidantes, vitamina B, aceites esenciales, magnesio, fósforo y potasio. Estos componentes hace que la fruta pueda actuar de manera eficaz en el organismo para regular la presión arterial, lo único que se debe hacer es extraer el jugo de un limón grande y combinarlo con un vaso de agua sin endulzar.
Los remedios naturales se han empleado desde hace muchos años y actualmente existen demasiadas recetas caseras que puedes servirte de mucha ayuda. Además, regular la presión arterial no es algo precisamente difícil, solo tienes que seguir el tratamiento de manera constante y cuidar de tu salud para que no padezcas alguna otra enfermedad en el futuro.
La presión alta puede acarrerar muchísimos problemas de salud; poco a poco podría ir deteriorando tu cuerpo y hasta podría manifestarse en un paro cardíaco, enfermedad de los riñones o hasta complicaciones con la vista. La presión alta hará que tu cuerpo trabaje más para mover la sangre en tu cuerpo y alimentar tus órganos y músculos, así que te sentirás cansada todos los días.

Debido a que la alta presión puede afectar el flujo de sangre a la placenta, si te diagnostican hipertensión gestacional, el doctor pedirá que te hagan una ecografía (ultrasonido) para asegurarse de que el bebé está creciendo bien y ver si tienes una cantidad normal de fluido amniótico. También puede pedir que hagan un perfil biofísico (BPP) del bebé al mismo tiempo para comprobar que está bien. Y en ciertos casos, es posible que pida una ecografía Doppler para comprobar el fluido de sangre a tu bebé.
Y en la presión arterial. Según distintos estudios, sentirse solo puede conducir a ansiedad y depresión y un estado anímico bajo, está ligado a la tensión alta. Mantén una vida social activa, te ayudará a controlar la presión. Si tus amigos de siempre tienen poca disponibilidad, amplía tu círculo de amistades. Puedes apuntarte a talleres, cursos, unirte a grupos que compartan tus intereses para conocer a gente nueva.
   La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la tensión arterial como la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de los vasos (arterias) al ser bombeada por el corazón. Cuanto más alta es la tensión, más esfuerzo tiene que realizar el corazón para bombear. La hipertensión, también conocida como tensión arterial alta o elevada, es un trastorno en que los vasos sanguíneos tienen una tensión persistentemente alta.
Lo primero que debes saber es que aunque no te sientas mal, la presión arterial alta en el embarazo es una condición que requiere de cuidado y atención, pues de lo contrario podría conducirte a un cuadro de preclampsia o eclampsia que pondría en riesgo tu salud y la del bebé. Por eso, es recomendable tomar en cuenta algunas sugerencias para bajar la presión alta en el embarazo y mantener una buena condición en la gestación.
Preeclampsia. La preeclampsia aparece cuando la hipertensión se presenta después de las 20 semanas de embarazo y está asociada a signos de daño a otros sistemas de órganos, entre ellos, los riñones, el hígado, la sangre o el cerebro. Si no se trata, la preeclampsia puede provocar complicaciones graves, incluso mortales, como convulsiones (eclampsia), tanto para la madre como para el bebé.

Una mujer puede atravesar diferentes casos de hipertensión en el embarazo. Una hipertensión crónica –desde antes de la concepción y hasta 3 meses posparto–, una hipertensión gestacional, cuando la presión aumenta luego de las 20 semanas de embarazo, y suele irse luego del parto, y preeclampsia, un cuadro muy serio que implica presión alta y proteína en la orina de la mamá y que conlleva grandes riesgos para madre e hijo. 
Eso significa que el bebé intrauterino también “gobierna” a la madre en términos de presión arterial. Y que la necesidad de presión que tiene el bebé influye en la presión arterial de la madre. Por este motivo, en ocasiones puede ser mejor no bajar con medicamentos una presión moderadamente elevada. Debe estudiarse cada caso, valorando los pros y los contras.
Cuando la hipertensión está ligada al embarazo, ésta suele aparecer a partir de las 28 semanas de embarazo, aunque puede hacerlo antes, y, generalmente, cuanto antes lo haga, más grave suele ser. En aproximadamente un 2-5% de los embarazos, además de hipertensión, las mamás tendrán preeclampsia, y, aunque en la mayor parte de los casos la pre-eclampsia, controlada de cerca, no es grave, en algunos puede serlo, tanto para la madre como para el bebé. Aunque no se conoce a ciencia cierta el origen de la preeclampsia, parece que el sobrepeso es un factor a tener en cuenta, así como la ganancia elevada de peso durante el mismo, por lo que conviene cuidar minuciosamente la dieta.
Inclúyelo en tu dieta diaria. Es un buen diurético natural por lo que unos trozos de apio, por ejemplo, en tus ensaladas te ayudarán a tener la presión arterial bajo control. El apio es un vegetal que contiene ftalidas, que son unos compuestos cuya función es ayudar a relajar los músculos que se encuentran alrededor de las arterias, lo que les permite a éstas tener más espacio para que circule la sangre con menor presión. Además, el apio también es rico en magnesio, potasio y calcio, lo cual lo convierte en un vegetal muy útil para reducir el estrés y equilibrar el sistema nervioso.
Lo ideal es que la mujer conozca sus valores habituales antes de quedarse embarazada, si es normal o tiene tendencia a tensión baja o alta. En el primer trimestre la tensión suele bajar ligeramente debido a los cambios fisiológicos que se producen en el embarazo, pues el sistema circulatorio debe acostumbrarse a un mayor volumen de sangre circulando por las venas. Pero más o menos a partir del cuarto mes la tensión va aumentando hasta llegar a alcanzar en el tercer trimestre las cifras que se tenían antes del embarazo.
Aunque ajustes al estilo de vida pueden mejorar seriamente tu salud y bajar tu presión sanguínea, no deberías dejar de tomar tus medicamentos o alterar el horario o dosis sin primero consultar a tu médico. Permanece en contacto con tu doctor y monitorea tu presión sanguínea en casa mientras empiezas una nueva dieta o rutina de ejercicio para mantener tu salud general bajo control.
Los pacientes que tienen problemas para bajar la presión arterial deberían considerar beber un vaso de jugo de remolacha todos los días. En un estudio británico en el 2015, de 64 pacientes con presión arterial alta, la mitad tomaba medicamentos, pero no había alcanzado su nivel objetivo de presión arterial, mientras que la otra mitad no había empezado el medicamento. Los sujetos fueron asignados aleatoriamente a beber jugo de remolacha o un placebo diario. Después de un mes, los que consumieron el jugo de remolacha redujeron la presión arterial sistólica en ocho puntos —una mejora similar a la de los que tomaron medicamentos—. No hubo cambios entre el grupo del placebo.

Al realizar ejercicio de manera regular, unos 30 minutos la mayoría de días de la semana, conseguirás reducir su tensión entre 4 y 9 milímetros de mercurio (mm Hg). Y no hay que esperar mucho para ver la diferencia. Si no has estado activo, incrementando tu nivel de ejercicio reducirás tu tensión en pocas semanas.Si tienes pre-hipertensión – tensión sistólica, con valores entre 120 y 139 o tensión diastólica, con valores entre 80 y 89 – el ejercicio puede evitar que se desarrolle una completa hipertensión. Si ya eres hipertenso, la práctica de ejercicio puede reducir tu hipertensión a valores seguros.


Los remedios naturales se han empleado desde hace muchos años y actualmente existen demasiadas recetas caseras que puedes servirte de mucha ayuda. Además, regular la presión arterial no es algo precisamente difícil, solo tienes que seguir el tratamiento de manera constante y cuidar de tu salud para que no padezcas alguna otra enfermedad en el futuro.
Entre algunos ejemplos de ejercicios aeróbicos que puedes intentar hacer para reducir la presión arterial se incluyen: caminar, trotar, andar en bicicleta, nadar o bailar. También puedes probar con el entrenamiento por intervalos de alta intensidad, en el cual se alternan períodos breves de actividad intensa con períodos posteriores de recuperación de actividad más ligera. El entrenamiento de fuerza también puede ayudar a reducir la presión arterial. Intenta incluir ejercicios de entrenamiento de fuerza al menos dos días a la semana. Habla con tu médico acerca de cómo elaborar un programa de ejercicios.
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