Rodilla señala que, sin lugar a dudas, la piedra angular para prevenir la hipertensión arterial o reducir las cifras de presión -cuando ya se ha diagnosticado la HTA- es cambiar a un estilo de vida saludable, que incluye restringir la ingesta de sal, moderar el consumo de alcohol, reducir el contenido de grasas saturadas y colesterol y aumentar la ingesta de hortalizas, productos lácteos desnatados, fibra dietética y soluble, cereales integrales y proteínas de origen vegetal. En suma, adoptar la llamada dieta mediterránea.


Comer sin sal. Casi lo primero que suele recomendar el médico a los pacientes con presión alta es quitarse la sal de las comidas. Sin embargo, solo 2 de cada 10 personas son sensibles a la sal y pueden llegar a mejorar con esta medida. Descubre algunos alimentos con sal oculta... ¡y evítalos! Beneficios del potasio. 
Estudios recientes recomiendan aumentar el consumo de alimentos ricos en potasio más que reducir drásticamente la sal. Los más ricos en potasio son frutas (plátano, chirimoya) y verduras (acelgas, espinacas, coles). Otros serían los lácteos, las legumbres, las setas (champiñón) y los frutos secos.
Aunque ajustes al estilo de vida pueden mejorar seriamente tu salud y bajar tu presión sanguínea, no deberías dejar de tomar tus medicamentos o alterar el horario o dosis sin primero consultar a tu médico. Permanece en contacto con tu doctor y monitorea tu presión sanguínea en casa mientras empiezas una nueva dieta o rutina de ejercicio para mantener tu salud general bajo control.
Una presión arterial alta de forma ostensible conlleva, a largo plazo, un incremento del riesgo de enfermedad cardíaca y embolia. Cuanto más alta sea la presión arterial, mayor el riesgo. Muchas veces se aborda la presión arterial alta con un tratamiento médico para reducir los riesgos se salud; sin embargo, es posible reducir la presión arterial a través de cambios en el estilo de vida (ver a continuación).
La hipertensión arterial (HTA) se define como una presión arterial sistólica (PAS) mayor o igual a 140 mmHg o una presión arterial diastólica (PAD) mayor o igual a 90 mmHg, mientras que cifras de PAS y PAD menores de 130/85 mmHg se consideran valores de presión normales. Entre ambas categorías queda lo que se llama presión arterial normal-alta, con PAS mayor o igual a 135, pero menor a 140 mmHg y PAD mayor o igual a 85 y menor de 90 mmHg.
Una presión arterial alta de forma ligera o moderada casi nunca presentará síntomas evidentes (a veces puedes tener un ligero dolor de cabeza). Una presión arterial muy alta puede darte dolores de cabeza intensos, fatiga y nauseas. La presión arterial alta es el resultado de un aumento de líquidos y sal en la sangre, y también de unas paredes de los vasos sanguíneos más gruesas y duras de lo normal.
Dormir bien es muy importante. Cuando duermes, el corazón se relaja y tu presión baja, así que mejor no pierdas ni una hora de sueño. Un estudio realizado por la Universidad de Chicago (EE. UU.) confirma que el riesgo de hipertensión puede aumentar un 37% si se duerme una hora menos durante cinco años seguidos. Y algo parecido les sucede a las personas que sufren apnea del sueño –interrupción breve de la respiración mientras se duerme–, su riesgo de padecer de tensión alta aumenta un 30%. Descubre si tus problemas para dormir son algo pasajero o crónico, haciendo nuestro test.

Usted puede tener la presión arterial alta, o hipertensión, y aun así sentirse bien. Eso es debido a que la presión arterial alta a menudo no causa señales de enfermedad que una persona pueda ver o sentir. Pero la presión arterial alta, a veces llamada “el asesino silencioso”, es muy común en las personas mayores y es un problema de salud muy serio. Si la presión arterial alta no se controla por medio de cambios en el estilo de vida y medicamentos, puede provocar derrames cerebrales, enfermedades cardiacas, problemas oculares, insuficiencia renal y otros problemas de salud. La presión arterial alta también puede causar dificultades para respirar cuando una persona hace actividades físicas o ejercicios livianos.
Un programa de ejercicios completo, como el programa Peak Fitness, parece ser muy importante para la producción de beneficios a largo plazo en personas con presión arterial alta. Casi todos los programas deberían incorporar ejercicios anaeróbicos o ejercicios de alta intensidad una o tres veces a la semana, ya que estos ejercicios han mostrado ser, incluso, más eficaces que el ejercicio aeróbico para reducir el riesgo de muerte por ataque cardiaco.
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